Ideas

Por don Antonio Escandell


 

Pensé que aquel lugar, bajo el olmo viejo, sería el definitivo. Me llevó largo rato tomar la decisión, pero, cuando así lo hice, agarré la pala con fuerza y la hinqué en tierra. Tuve que repetir el mismo ejercicio una y otra vez, a causa de la dureza de la arena.
Horas más tarde, cuando el sol ya declinaba, tenía el agujero idóneo. Eché un vistazo alrededor y me percaté de mi profunda soledad: era el único ser que allí se encontraba.
Y entonces me pregunté: “¿Quién me va a enterrar?”.

Los comentarios están cerrados.

WordPress.com.

Subir ↑