Soldado, no estás solo

Por don Norberto del Castillo.


A ti, alumno, dedico estas brevísimas palabras.

Hoy se están escribiendo, en forma de cascada, afluentes, ríos y marejadas, palabras de agradecimiento a los “sanitarios”. Es indudable que se están dejando, literalmente, el pellejo en cada paciente; nadie lo pone en duda. Así que, gracias.

Pero, con el permiso de la opinión generalizada, voy a hacer un alto en el camino y me dispongo a fijar la vista en ese soldado que, todavía hoy, sigue al pie del cañón, casi de forma invisible.

En apenas una semana te ha cambiado la vida. Te han sacado, más que nunca, de tu gran zona de confort; te han dejado solo ante el peligro. Te han llevado, con gran brusquedad, a vivir como si ya fueras un experto incuestionable en tu campo de libros, apuntes y bolígrafos.

Aunque si lo piensas despacio, tu profesionalidad y valentía siempre ha estado a la vista. Estás en el frente de batalla de nuestra sociedad, en la vanguardia del campo de minas. Pero, posiblemente, no habías reparado en ello. No pasa nada. A ti va dedicado este pensamiento.

Ánimo, no dejes de creer que todas las batallas que libres durante estos días son determinantes.

De que te levantes todos los días puntual; de que te arregles como si fueras a tu lugar de trabajo, de que descanses, de que te alimentes bien, de que mantengas una disciplina de ejercicio y de que, por supuesto, te sientes todos los días a la misma hora para estudiar, van a depender muchas –por no decir “todas”- cosas grandes.

Estimado soldado, no estás solo; te rodea una sociedad que te aprecia, que ha depositado en ti su confianza, que va a hacer todo lo posible para que este aparente aislamiento en que te encuentras, sea eso: una mera apariencia. Estamos a tu lado.

Este es el momento de que demuestres, aunque ya lo has hecho muchas veces, de lo que eres capaz. Todas tus reivindicaciones, todas tus inquietudes y todas tus preocupaciones quedan ahora, más que nunca, al descubierto. Y sólo tú puedes darle respuesta o darle una solución a cada una de ellas. Es ahora o nunca.

Muchas gracias por estar ahí, con una sonrisa, animando el día a día de los que te rodeamos. Tus alegrías y tus desafueros llenan las jornadas eternas de este, nuestro país, España. Y, muy especialmente, nos llena a aquellos que te acompañamos –siempre con tu permiso- en el camino de la construcción de tu identidad y de tu entidad. Eres un ejemplo. Pero un ejemplo de humildad y esfuerzo, recuérdalo.

No permitas que te dejemos de exigir; no permitas que nadie te deje de pedir más en cada batalla. ¿Por qué? Porque puedes, debes y estás hecho para entregarte del todo. Esa es tu naturaleza de soldado: una entrega completa, sin dejarte nada por camino, salvo las lágrimas de un esfuerzo diario.

Y si alguna vez entra en ti una mínima tentación de flaquear, o te embarga el miedo, o te abruma la desesperanza, no te dejes engañar por esas perfidias. Grita y pídenos ayuda. Nunca te abandonaremos.

Soldado, no estás solo.

A ti, queridísimo alumno, van dedicadas estas palabras. Tú puedes. Creemos en ti.

Un fuerte abrazo,

N.

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